A la entrada de los temidos impuestos por parte de los contribuyentes, cada vez es más dispensable el uso de una herramienta poca utilizada, pero sumamente importante: El presupuesto.
Partimos, del principio básico de la Economía: “Múltiples necesidades, para escasos recursos”. De este precepto, es que toma valor intrínseco el diseño de un presupuesto, para controlar el uso de esos recursos, y de alguna forma minimizar el riesgo del desperdicio. Es decir, el fin primordial de un buen presupuesto, es prever anticipadamente la gestión y asignación de los recursos con que se cuenta dentro de un determinado periodo.
Como parte de la planificación, el presupuesto acompaña en la toma de las decisiones en el seno de la Administración de las empresas y de los individuos.

Se recomienda que todas las áreas de las organizaciones participen proactivamente en determinar el presupuesto de un ejercicio, teniendo en cuenta sus planes, actividades y objetivos en diferentes plazos. Contar con esa participación de todas las áreas de la organización definirá una serie de presupuestos individuales que serán integrados en un presupuesto final.
Una vez que el presupuesto este en ejecución, periódicamente hay que estar monitoreándolo, mes a mes, a fin de determinar las desviaciones, y situaciones críticas que se van presentando, y tomar las medidas más pertinentes, actuando en consecuencia.
El presupuesto no debe ser rígido, por el contrario, ese monitoreo, permite ajustarlo a las nuevas realidades y retos en que encuentran en el camino de la gestión de las empresas.
Hoy por hoy, el presupuesto nos debe de acompañar más que nunca a la entrada de nuevos cobros por conceptos de tributos.

CPI Edgar Araya

El presupuesto: Herramienta de planificación y control

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